La historia de una perrita con suerte

Me llamo Tila. O así es como me llaman ahora en este sitio. Y soy una mezcla de Caniche. Como me describía mi antigua dueña, “guapa no soy, pero sí muy simpática”. Llevo en esta protectora unos 3 meses. Y la verdad es que no me quejo. Se que si lo pienso bien, he tenido mucha suerte de acabar aquí. Me dan de comer 2 veces al día, me limpian la perrera e incluso salgo una vez al día con todos los demás perros. Ese es mi momento favorito del día. Nos sacan a todos los que no nos escapamos a un gran campo que hay justo detrás de la protectora. Y corremos, nos perseguimos, jugamos… Es muy divertido, aunque alguna vez uno de los grandullones me ha hecho daño jugando a lo bruto. Pero no renunciaria a esos minutos de libertad por nada del mundo. Alguna vez cuando está lloviendo mucho no nos sacan, y ese día se nos hace más largo, pero al día siguiente nos dejan estar más tiempo.

La gente que nos cuida es fantástica. Vienen todos los días, contentos y hablando entre ellos y riéndose. La primera sensación que tienes de ellos es que emiten como una luz blanca. No estoy hablando de magia ni nada. No me entendáis mal. Pero cuando los miras, sientes como una onda de blancura, de algo dulce que te llega. No se si me explico, pero les he cogido mucho cariño en estos meses. A quien tengo una afección especial es a María. Es una chica con gafas y algo gordita que viene solo por las tardes. En cuanto llega lo primero que hace es recorrer todas las jaulas saludando a todo los perrines. Y somos un montón! Tiene una palabra cariñosa para todos nosotros. María tiene la luz algo apagada. Siento que está triste, y me gustaría ayudarla de alguna manera. El otro día la oí susurrar algo así como que no había derecho. Fue justo el día que encontraron a la perrina con los 6 cachorros muertos en una caja. Se habían muerto de frío. Siento que María absorbe demasiado de nuestro dolor, pero no se que puedo hacer.

Yo antes vivía con una familia. Creo que por aquél entonces me llamaba algo así como Deisi. No lo recuerdo muy bien, porque la mayoría de las veces mi dueña me llamaba corazón o cielo, aunque mi dueño casi no me dirigía la palabra. Mi dueña era un poco mayor, tan mayor que a veces nuestro paseo diario se reducía a una vuelta a la manzana, y ya con eso estaba muy cansada. Pasábamos las tardes viendo la tele las dos juntas. Yo dormitaba a su lado mientras ella tricotaba y hacía comentarios a los programas de la tele. Unas veces animaba a los concursantes, y otras se enfadaba con la protagonista de la telenovela por hacer algo. Estuvimos meses siguiendo una telenovela muy bonita de una niña ciega que al final recuperaba la vista y se casaba con un príncipe. Recuerdo que en algún capítulo incluso lloró, y tuve que acercarme más a ella para darle calorcito hasta que se le pasara.

Pero un día mi dueña no se pudo levantar de la cama. Vinieron unas personas a verla y les oí decir algo de que su corazón no estaba bien. Yo quería gritarles que no le pasaba nada al corazón de mi dueña, solo que era un corazón muy grande. Pero no me entendían. Durante días mi dueña permaneció en la cama. Mi dueño no me dejaba subirme en la cama con ella, así que yo me tumbaba sobre sus zapatillas que estaban en un rincón. Un día vinieron unos señores de blanco con una camilla y se la llevaron. Yo quise ir detrás, pero no me dejaron. Recuerdo que mientras la subían a la camilla pensé que no podía ver la luz de mi dueña, como si se hubiera apagado.

No recuerdo mucho más desde entonces. Se que en algún momento vino mi dueño y me puso la correa como si fuéramos a pasear. Me extrañó porque mi dueño nunca me había sacado a pasear. Fuimos un rato en coche, y finalmente paramos delante de una verja. Se oían ladridos de otros perros. Yo estaba un poco asustada, pero al oir a los otros perros me calmé. Mi dueño me ató a la verja y se alejó con el coche a toda prisa. Ya han pasado 3 meses desde entonces.

Parece que hoy también han venido personas buscando algún perro para adoptar. María me ha contado que algún día vendrá una familia muy especial y querrá adoptarme a mi. Les miraré a través de las rejas e inmediatamente sabré que son ellos. Mi nueva familia. Pero de momento no ha sucedido. Muchas personas han pasado por delante de mi jaula. Algunas se han parado a decirme algo, y otras han pasado de largo directamente. Pero con ninguna de ellas he sentido ninguna conexión especial. Hoy los visitantes son dos papas con una niña. La niña parece asustada. Supongo que visto desde su punto de vista, un montón de perros ladrando podemos ser bastante intimidatorios. Tiene unos enormes ojos marrones que lo miran todo con detalle.  Me fijo en que tiene una enorme luz blanca, brillante y suave a la vez. Como un abrazo. Y cuando me mira, se que es la familia que he estado esperando. Han venido.

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