Perros Extraordinarios IV: Barri, el ángel cálido

san bernardoA 2.473 m de altura, en Suiza, se encuentra el paso del Monte de Júpiter, un angosto cañón que fue en su día una importante vía de comunicación en Europa. Allí fue donde un monje, llamado entonces sencillamente Bernardo, construyó un hospicio para auxiliar a los viajeros que frecuentemente sufrían percances intentando hacer la travesía. El hospicio ayudó, a lo largo de los siglos, a cientos de personas, y se convirtió en lugar de peregrinaje, hasta el punto de que se cambió el nombre del paso por el de San Bernardo.

Nuestro protagonista nació en 1800 y desde muy joven demostró unas dotes extraordinarias para detectar cuándo había un viajero en apuros. Pero fue en 1805 cuando llevó a cabo el más célebre de sus rescates: haciendo su inspección diaria de la montaña con los otros perros y los monjes del hospicio, el grupo se salva por los pelos de un inmenso alud que cae justo delante de ellos. En el momento en que la nieve bajaba con mayor estruendo, Barri se adentró en el alud. De nada sirvieron las llamadas de los monjes. Barri desapareció tras la nieve.

Trascurrido un tiempo, y creyendo que Barri estaba desaparecido bajo toneladas de nieve, los monjes, apesadumbrados, deciden regresar al hospicio. En medio de la noche, cuando todo el mundo duerme y el silencio es denso en la montaña, alguien oye unos quejidos tras la inmensa puerta de entrada. Era Barri. Quieto e inmóvil, Barri sólo mira a los monjes sin moverse. Extrañados, éstos se acercan y entonces se dan cuenta que el perro lleva algo atado alrededor. El perro traía un bebé, que posiblemente había sobrevivido a las crudas temperaturas gracias al calor del animal. Se supo después que una mujer se había adentrado en las montañas sin hacer caso de las advertencias del mal tiempo. Ella no sobrevivió y probablemente murió en el alud, pero antes había conseguido atar a su bebé al perro grande y lanudo que había acudido a socorrerla.

Barri realizó a lo largo de los años numerosos salvamentos, incluido el de otro niño.

Cuando finalmente el tiempo le alcanzó y ya era demasiado viejo para vivir en la dura montaña, los monjes lo llevaron a Berna, donde finalmente murió en 1814. Su cuerpo fue donado al Museo de Historia Natural de Berna, donde fue embalsamado. Hoy, casi 200 años después, dicho museo es objeto de numerosas visitas en busca del mito de Barri.

Hoy día el hospicio de San Bernardo todavía está abierto y es objeto de peregrinación en Suiza. Ya no realizan rescates en casos de avalanchas, porque los helicópteros les has sustituido, pero todavía les visitan viajeros y peregrinos. Y la esencia de Barri sigue viva en las montañas que fueron escenario de su increíble valor.

 

 

 

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